Aprender no consiste solo en memorizar palabras o identificar imágenes. En los primeros años de vida, el aprendizaje con pictogramas puede ayudar a niños y niñas a comprender que un objeto, una imagen o un sonido pueden representar algo del mundo real.
Puede parecer una habilidad sencilla, pero no lo es. Para un adulto, ver un dibujo de un perro y pensar en un perro real resulta casi instantáneo. Sin embargo, para un o una peque, esta asociación forma parte de un proceso de desarrollo cognitivo. Ese proceso necesita maduración, experiencia y contacto repetido con distintos tipos de representaciones.
Esto es especialmente interesante cuando hablamos de pictogramas. Un pictograma no es una fotografía ni el objeto real. Es una representación esquemática. Aun así, puede convertirse en una herramienta muy poderosa para el aprendizaje cuando está bien diseñado y cuando se integra dentro de una experiencia rica en estímulos. En este sentido, el aprendizaje con pictogramas puede ayudar a que niños y niñas construyan asociaciones más sólidas con el mundo que les rodea.
Cómo funciona el aprendizaje con pictogramas
En psicología del desarrollo, esta capacidad se ha estudiado a través del concepto de representación simbólica. Judy S. DeLoache (2000) explicó que, para utilizar un símbolo, el niño o niña debe entender una especie de “doble función”. Por un lado, el símbolo es un objeto en sí mismo. Por otro, representa algo distinto a él. A esta idea se la conoce como representación dual.
Esto significa que, cuando un niño o niña observa una ficha con el dibujo de un caballo, debe comprender que no está viendo solo una ficha con trazos y colores. Debe entender que esa imagen remite a un caballo real. Esta conexión entre símbolo y referente no siempre aparece de forma automática. Ocurre sobre todo cuando el niño o niña es pequeño o cuando el símbolo es demasiado abstracto (DeLoache, 2000).
Por eso, el modo en que se diseña una imagen infantil importa. Cuanto más fácil resulte para tu peque identificar los rasgos esenciales de lo representado, más probable será que pueda construir esa relación entre pictograma y realidad.
La importancia de que el pictograma conserve rasgos reconocibles
No todos los símbolos visuales funcionan igual. Un aspecto fundamental es su grado de parecido con aquello que representan. En investigación cognitiva, esta idea suele relacionarse con la iconicidad. Aunque un pictograma sea esquemático, puede conservar elementos visuales suficientes para que el niño o niña reconozca rápidamente su significado.
Esto tiene implicaciones muy importantes en el aprendizaje temprano. Preissler y Carey (2004) mostraron que incluso niños y niñas muy pequeños empiezan a comprender la naturaleza simbólica de las imágenes. Sin embargo, lo hacen mejor cuando la relación entre imagen y referente es clara. Dicho de otro modo: un símbolo visual reconocible facilita la asociación. Ayuda a conectar lo que ven con aquello que representa.
En términos educativos, esto sugiere que los pictogramas pueden ser útiles cuando simplifican la realidad sin perder aquello que la hace identificable. No se trata de reproducir el mundo con exactitud fotográfica, sino de mantener suficientes pistas visuales para que el niño o niña pueda interpretar correctamente lo que tiene delante.
Por eso, el aprendizaje con pictogramas resulta especialmente útil cuando las imágenes conservan rasgos claros y fáciles de reconocer.
Del reconocimiento visual a la construcción de significado
Cuando un niño o niña identifica un pictograma, no está realizando un único acto mental simple. En realidad, está poniendo en marcha varios procesos a la vez: reconocer una forma, compararla con experiencias previas, asignarle un significado y, en muchos casos, asociarla además a una palabra.
Ese recorrido es especialmente valioso porque ayuda a construir conocimiento de manera progresiva. El niño o niña no se limita a “ver un dibujo”. Empieza a entender que los símbolos sirven para pensar, nombrar y recordar. Y cuanto más rica sea la experiencia que acompaña a ese símbolo, mayor será la solidez del aprendizaje.
Aquí entra en juego una idea ampliamente aceptada en psicología cognitiva: la información se recuerda mejor cuando se procesa de forma más rica, más significativa y por más de una vía.
Por qué el aprendizaje con pictogramas refuerza la memoria
La teoría del doble código de Paivio (1991) propuso que la información puede codificarse en sistemas distintos, especialmente en formato verbal y en formato visual. Cuando ambos se activan juntos, la recuperación posterior resulta más fácil, porque la mente dispone de más de una vía para acceder al contenido aprendido.
Aplicado al aprendizaje infantil, esto resulta muy revelador. Si un niño o niña ve un pictograma y además escucha la palabra correspondiente, no está recibiendo una única señal, sino dos formas complementarias de representar lo mismo. Esa redundancia no estorba: refuerza.
Desde una perspectiva divulgativa, esto puede entenderse como una activación más amplia de las redes de procesamiento implicadas en el aprendizaje. No se crea solo una asociación aislada. Se forman varias conexiones alrededor de una misma idea. Eso hace que el contenido sea más accesible, más estable y más fácil de recordar.
En esa misma línea, Craik y Lockhart (1972) defendieron que la memoria depende en gran medida de la profundidad con la que se procesa la información. Cuando el procesamiento es más rico y significativo, la huella que deja también tiende a ser más duradera. Por eso, un aprendizaje que combina imagen, palabra, sonido y acción no solo resulta más atractivo: también puede favorecer una codificación más profunda.
Por eso, el aprendizaje con pictogramas no solo favorece la comprensión inmediata, sino que también puede hacer que lo aprendido se recuerde mejor con el paso del tiempo.
Cuando además interviene el sonido, la asociación se vuelve más potente
En el caso de los animales, existe un elemento especialmente interesante: su sonido característico. A diferencia de muchas otras categorías, los animales no solo pueden reconocerse por su forma o por su nombre, sino también por el sonido que emiten. Esto ofrece una oportunidad educativa muy valiosa.
Cuando un niño o niña ve el pictograma de un cerdito, escucha la palabra “cerdo” y además oye su gruñido (oing, oing), se produce una convergencia de estímulos que apuntan al mismo significado. La imagen aporta la pista visual. La palabra aporta la etiqueta lingüística. El sonido aporta una referencia sensorial directamente asociada con el mundo real.

Este tipo de experiencia no solo amplía el aprendizaje, sino que lo vuelve más significativo. La asociación deja de apoyarse únicamente en una relación abstracta entre dibujo y palabra. En su lugar, se construye una red más rica de conexiones: forma, nombre y sonido se refuerzan entre sí.
Eso es especialmente útil en edades tempranas, cuando los niños y niñas aprenden mejor a partir de experiencias concretas, perceptibles y repetidas. Cuantos más apoyos tenga una representación, más probable es que el niño o niña logre integrarla en su conocimiento del mundo.
Cuando imagen, palabra y sonido aparecen unidos, el aprendizaje con pictogramas se vuelve más rico, más concreto y más fácil de integrar en la memoria infantil.
Manipular también ayuda a aprender
A todo esto se suma un aspecto fundamental: la acción. No es lo mismo ver una imagen en una pantalla o en una lámina que interactuar físicamente con una ficha. Manipular un material obliga al niño o niña a prestar atención. También le ayuda a tomar decisiones, coordinar movimiento y percepción, y participar activamente en la experiencia.
Cuando el aprendizaje pasa también por las manos, la implicación suele ser mayor. El símbolo no se contempla desde fuera, sino que se explora, se selecciona, se toca y se usa. Esa participación activa encaja con enfoques educativos que insisten en el valor del aprendizaje experiencial y multisensorial en la infancia.
En consecuencia, una ficha manipulativa con pictograma no es solo un soporte visual. Puede convertirse en un punto de encuentro entre percepción, lenguaje, memoria y acción.
Además, el aprendizaje con pictogramas gana eficacia cuando el niño o niña puede tocar, mover y explorar físicamente el material con el que está aprendiendo.
Aprendizaje con pictogramas en el pack de animales domésticos de PekeTAC
Todo lo anterior encaja de forma especialmente clara en el pack de animales domésticos de PekeTAC®. En estas fichas, el aprendizaje no depende de un único canal, sino de la convergencia de varios elementos que se refuerzan mutuamente.
Por un lado, cada ficha incorpora un pictograma esquemático, pero reconocible. Esto facilita que el niño o niña identifique rápidamente al animal representado sin necesidad de que la imagen sea completamente realista. El símbolo simplifica, pero no pierde los rasgos esenciales que permiten relacionarlo con la realidad.

Por otro lado, la experiencia se amplía mediante el lenguaje y el sonido. Al leer la ficha, la app PekeTAC no solo nombra el animal, sino que además reproduce el sonido que este emite. De este modo, una sola ficha activa simultáneamente la dimensión visual, la verbal y la auditiva.
Esto hace que el niño o niña no se limite a asociar un dibujo con una palabra. También relaciona ese pictograma con una experiencia sonora vinculada al animal real. En términos de aprendizaje, se construye una asociación más rica: imagen + nombre + sonido. Y cuando esa asociación, además, se apoya en la manipulación física de la ficha, el resultado es todavía más completo.
Así, las fichas del pack de animales domésticos no funcionan solo como elementos para reconocer dibujos. Funcionan como herramientas para construir significado. Cada interacción ayuda al niño o niña a consolidar conexiones entre símbolos y realidad, reforzando la comprensión, la memoria y el desarrollo del lenguaje de una forma lúdica y natural.
Aprender no es solo reconocer: es conectar
En educación infantil, muchas veces se subestima la complejidad de procesos aparentemente sencillos. Reconocer un pictograma y relacionarlo con un animal real implica mucho más que una respuesta automática. También supone identificar su nombre, asociarlo a su sonido y dar significado a los símbolos.
Por eso, los pictogramas pueden tener un enorme valor educativo cuando se diseñan bien y cuando se integran dentro de experiencias de aprendizaje ricas y coherentes. Su potencial aumenta mucho si conservan rasgos visuales reconocibles, se acompañan del lenguaje y añaden un estímulo auditivo relacionado con la realidad.
En definitiva, el aprendizaje con pictogramas puede ayudar a que niños y niñas comprendan mejor su entorno y construyan conocimientos más estables.
En ese contexto, aprender deja de ser una simple memorización de imágenes o palabras. Pasa a ser un proceso de conexión. Y cuanto más conexiones logra construir el niño o niña alrededor de un mismo contenido, más sólido, significativo y duradero puede llegar a ser su aprendizaje.
Bien planteado, el aprendizaje con pictogramas puede convertirse en una herramienta muy valiosa para acompañar el desarrollo infantil desde edades tempranas.
Bibliografía
Craik, F. I. M., & Lockhart, R. S. (1972). Levels of processing: A framework for memory research. Journal of Verbal Learning and Verbal Behavior, 11(6), 671-684. https://doi.org/10.1016/S0022-5371(72)80001-X
DeLoache, J. S. (2000). Dual representation and young children’s use of scale models. Child Development, 71(2), 329-338. https://doi.org/10.1111/1467-8624.00148
Paivio, A. (1991). Dual coding theory: Retrospect and current status. Canadian Journal of Psychology/Revue canadienne de psychologie, 45(3), 255-287. https://doi.org/10.1037/h0084295
Preissler, M. A., & Carey, S. (2004). Do both pictures and words function as symbols for 18- and 24-month-old children? Journal of Cognition and Development, 5(2), 185-212. https://doi.org/10.1207/s15327647jcd0502_2

